Enfermeras militares reclaman aumento salarial

Dicen que es injusto que ellas sean las menos favorecidas del sistema de salud nacional con un sueldo que se ha movido a cuentagotas desde hace dos décadas. Y hoy que habrá cambio de gobierno quieren  de los nuevos jefes de la milicia, al menos, atención.

Daniel Valencia
cartas@elfaro.net
Publicada el 18 de mayo de 2009 – El Faro

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“El problema con la enfermera del Hospital Militar es que el sueldo, tal cual lo recibió cuando ingresó de alta, es inamovible. Y no importa si ingresó hace 25 años o hace cinco. El sueldo será el mismo, siempre. No gozamos de escalafón”, dice la enfermera “Florencia”, traje blanco y fólder en mano, tres semanas antes de celebrar el día de la enfermera.

Florencia –seudónimo de una mujer con varios años de carrera, que al igual que otras de sus compañeras pide el anonimato porque su trabajo depende de ello- se salió del Hospital Militar una tarde de abril de 2009 con un fólder bajo el brazo. Llegó a una cafetería, abrió el fólder y e ilustró el problema con seis ejemplos. Seis constancias de seis compañeras y compañeros con varios años de trabajo y que tienen un sueldo bajo, considerando los años de servicio que reportan.

SEIS SALARIOS DE MUESTRA

CARGO: AYUDANTE DE SERVICIO
TIEMPO: 25 AÑOS
SALARIO: $352 DÓLARES

CARGO: SARGENTO ADMINISTRARTIVO DE TERCERA CLASE.
TIEMPO: 20 AÑOS
SALARIO: $396

CARGO. TÉCNICO
TIEMPO: 25 AÑOS
SALARIO: $509

CARGO: SARGENTO ADMINISTRARTIVO DE TERCERA CLASE.
TIEMPO: 12 AÑOS
SALARIO: $352

CARGO: SARGENTO ADMINISTRARTIVO DE TERCERA CLASE.
TIEMPO: 23 AÑOS
SALARIO: $396

CARGO: SUPERVISOR
TIEMPO: 21 AÑOS
SALARIO:$ 789

Otros salarios

Médico general: $1,121
Enfermera jefe de unidad hospitalaria: $714
Enfermera hospitalaria: $681
Psicólogo: $627
Auxiliar de enfermería hospitalaria: $606.20
Higienista dental: $413
Técnico en radiología: $600
Capitán asimilado/a: $1,234
Trabajadora social: $525.20
Auxiliar de farmacia: $440.50
Tecnólogo en fisioterapia: $660.20
Asistente dental: $391

“Queremos que alguien nos escuche”, dice. “No es justo que sigamos soportando este trato. Somos especialistas como cualquier especialista en el área de salud. Pero en instituciones como el ISSS o el Ministerio de Salud una enfermera goza de escalafón y de otras prestaciones que acá no tenemos. El único incremento salarial que hemos tenido se ha dado cuando por decreto ejecutivo se aumentan $25 dólares para los empleados públicos. Y de eso hace mucho”.

En números, el sueldo de una enfermera del Hospital Militar Central –al igual que el de la mayoría los 874 empleados administrativos del hospital- no llega  ni a la sombra de lo que una secretaria nivel VII de la Corte Suprema de Justicia recibió de sueldo el pasado mes de abril, por autorización del presidente de la Corte Suprema, Agustín García Calderón. Esa secretaria, por ejemplo, gana a partir de abril 1, 584.03 dólares, según el acuerdo #141 con fecha del 30 de marzo de este año. Una enfermera o un empleado administrativo del HMC, sin embargo, desde hace más de 20 años –y dependiendo de su puesto de trabajo- apenas ronda entre los 300 y 800 dólares como máximo. Con suerte, alguno alcanzará los $1,200 dólares. El problema de los sueldos en el sector civil del Ejército no es exclusivo del Hospital Militar, se da también en el resto de oficinas de la fuerza armada.

El silencio militar de los civiles

En el ejército, toda palabra pronunciada que lleve un tinte de queja o sugerencia debe expresarse bajo el “conducto regular”, un protocolo que exige al militar de menor rango plantear su tema al oficial de rango mayor inmediato. Este, si así lo considera, lo traslada al oficial del nivel superior y así hasta que llega a oídos del jefe del estado mayor y del ministro de la cartera. Los civiles, que no son militares, están regidos por este mismo patrón.

Las enfermeras del HMC plantearon su queja, por primera vez, allá por 2005. Después de pasar por oficiales de mayor rango, las enfermeras lograron llegar hasta el entonces ministro de Defensa, Otto Romero. El ministro atendió a las mujeres vestidas de blanco, escuchó sus peticiones y decidió nombrar capitana a una enfermera. La nueva capitana tomó posesión de su rango en 2006 y desde entonces es la encargada de la disciplina en el Hospital Militar Central. Aparte de la capitana asimilada –cargo que se les confiere a expertos civiles que son llamados a conducir oficinas del ejército- a nadie se le incrementó un céntimo.

“Ordene mi capitán”, le dijo una subalterna de blanco a la enfermera que ahora viste falda verde y camisa café, el pasado 15 de mayo, en medio de la celebración del día de la enfermera en el hospital. El ejército las agasajó –y los, porque también hay enfermeros- con un fresco de color amarillo y un sándwich envuelto en servilleta. A aquellas y aquellos más destacados les regaló además una porción de pastel relleno de frutas y un diploma. Todos sonreían, contentos, con el festejo.

La jefa de las enfermeras  se apellida Girón Martínez. Ella es enfermera desde los años setenta y capitana desde el 2006. Es una abuela con lentes y con distinciones militares a la que, entre risas, se le logra sacar que le gusta más el blanco de la profesión que el  color del uniforme militar que ahora viste.

Esto es lo único que se puede decir de ella porque Girón Martínez insta a que no se publique nada de lo platicado porque no tiene ninguna autorización de sus superiores para hablar. Entonces, de ella no se pude decir si niega o acepta los señalamientos y el problema de sus subalternas. La capitana Girón Martínez incluso informó a su superior, la coronel Patricia Rosales, que platicó con El Faro bajo el compromiso de no publicar nada de lo platicado. “Ese es el reporte mi coronel”, le dijo Girón Martínez a Rosales. “Perfecto”, le respondió la oficial superior.

Si la jefa de enfermeras es así de hermética, sus subalternas lo son más. En tres de los seis niveles del Hospital, en las estaciones de enfermeras, ninguna de las enfermeras consultadas se atrevió a pronunciar una palabra cuando se les preguntó por los malos salarios. Apenas y asentían con la cabeza y rogaban no andar preguntando esas cosas por el peligro de ser despedidas. “Mejor busque a mi capitán Girón Martínez”.

Girón Martínez, entonces, utilizó el conducto regular y remitió las preguntas con su superior y su superior con el director, que aceptó que hay una diferencia notable entre el sueldo de una enfermera del hospital militar al de una enfermera de otra institución de salud.

“Como ve aquí nos regimos bajo la disciplina”, dice el director del hospital, el capitán de navío y ex director financiero del ejército, Juan Antonio Calderón. El capitán llegó en julio de 2008 al HMC también “a poner orden”, según cuentan las enfermeras. A él llegó, antes del ex ministro Romero, la petición de auxilio para incrementar los sueldos, según las enfermeras. “No. Desconozco eso”,  dice el hoy director. “Es cierto que una enfermera del Hospital Militar no gana lo mismo que una enfermera de Salud o del Seguro Social, pero tampoco es tan disparejo. Y las enfermeras no es que se han quejado. Pero sí han hecho comentarios  de que les gustaría ganar como una enfermera del ISSS”.

En el ISSS, por ejemplo, una enfermera ya licenciada con 25 años de trabajo, gracias al escalafón, a la fecha podría estar ganando entre $1,300 y $1, 500. En el HMC el sueldo depende del puesto y no importa si la enfermera es auxiliar, graduada o licenciada. Porque si su plaza, por ejemplo, fuese de de supervisora, no pasa de los 785 dólares y tampoco si tiene 20, 21 o 25 años de trabajo.

“Pero aquí hay una ventaja”, dice el director. “La plazas son permanentes. Tenemos un nivel medio de salarios pero es fijo. Me imagino que si se quejan, como dice, es porque nunca están satisfechas con lo que ganan. Quizá quisieran más”, añade, y  asegura que en 2008 hubo un incremento de 50 dólares en el suelo de los empleados.

Pero Florencia y sus compañeras que se atreven a contar su historia con el compromiso de no revelar identidades ni cargos –“porque son fáciles de detectar”- insisten que los sueldos no son justos. “Tal vez hoy que hay cambio de gobierno alguien nos escucha al fin”, bromea Florencia.

El viernes pasado, el HMC citó a la sala de reuniones a las enfermeras más destacadas. Había ahí unas 16 mujeres vestidas de blanco. Cuando se les preguntó sobre la profesión y los sacrificios que ella implica, algunas respondieron que todo –todo- vale la pena, que la enfermería es una de esas profesiones en las que se requiere vocación. Minutos más tarde, en la misma sala, la dirección permitió que se entrevistara a las ganadoras de la medalla “Sor María Teresa Lang” –primero y segundo lugar- que todos los años, en todos los hospitales, se da a las enfermeras más destacadas. Lang, según la historia salvadoreña, fue la promotora de la enfermería salvadoreña.

Este año las ganadoras de la medalla fueron Ermelcia Cardona y Norma Elizabeth Palma. Palma y Cardona tienen 21 años de servicio. “Estamos desde cuando asustan, desde cuando había hora de entrada pero no de salida”, dice Ermelicia. Ella y Norma, en el día de la enfermera, prefieren contar anécdotas de guerra, de soldados heridos en la ofensiva del 89 que hablar de su salario. “Eso no se dice ni se comenta”, responden las galardonadas.

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